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25 de febrero de 2013

Entre las rocas

Era verano y, mi novio y yo habíamos decidido ir una semana a la costa. Por la noche nos escapamos del hotel y nos fuimos a una pequeña playa de aguas cristalinas que se encontraba cerca de allí: apenas tuvimos que caminar unos minutos. Nos tumbamos en la arena. Pasó su mano por mi nuca, se acercó y me besó.
Mientras nos besábamos deslicé mi mano por su costado hasta llegar a su cadera. Metí la mano en el bolsillo trasero de su pantalón y coloqué mi rodilla sobre la suya.

Con las otras dos manos entrelazadas, besándonos en la oscuridad de la noche, no podíamos parar. La pasión comenzó a crecer y comencé a desabrocharle la camisa con las dos manos. Se incorporó para poder quitarse por completo la camisa y se colocó medio tumbado sobre mi. Me encantaba aquella posición. Siguió besándome mientras yo acariciaba su espalda. Mis manos bajaban, lentamente, hasta llegar al borde de su pantalón. Entonces me incorporé y él me quitó la camiseta mientras sus ojos se clavaban en mí.Se levantó, me dio la mano y tiró de mi. Corrimos hacia una zona más apartada, donde unas rocas algo entradas en el agua nos garantizaban más intimidad. Nos descalzamos y dejamos nuestras pertenencias en la arena. Nos metimos en el agua, que permanecía caliente. Tras las rocas comenzamos a besarnos. Él rodeaba mi nuca con una mano y la otra en mi espalda, me hacía sentir protegido. Las mías le agarraban de la cadera. Las leves olas golpeaban nuestras piernas y mojaban los pantalones de ambos, que comenzaban a estorbar.

Bajé mis manos y le desabroché el pantalón. Pude notar que estaba enormemente excitado. Deslicé ligeramente sus pantalones hacia abajo, que cayeron sobre el agua.

Me arrodillé y comencé a bajarle los calzoncillos. Sujeté su pene con la mano derecha, me agarré con la otra a su muslo y comencé a chuparle el glande, lentamente. Él colocó una de sus manos en mi rostro, acariciándome la mejilla y finalmente la deslizó hacia mi cuello. Bajó su otra mano y agarró mi mano izquierda. Me excitaba enormemente escuchar sus leves gemidos. Entonces introduje su miembro por completo en mi boca y el gimió con más fuerza. Le miré a los ojos, sabía que eso a él le apasionaba. Le chupaba el miembro cada vez más rápido, la fuerza y movimientos de sus manos me instigaban a seguir haciéndolo. Con sus gestos guiaba mi boca, mis labios y mi lengua. 

Retiró su mano de mi cuello y me levantó. Siguió besándome y abrazándome. Sus labios comenzaron a descender por mi cuello, lentamente, hacia el pecho. No dejaba de besarme mientras recorría mi abdomen. Bajó por mi ombligo y llegó a mi cinturón. Terminó de quitarse la ropa, se puso de rodillas y lo soltó. Bajó la cremallera de mi pantalón y lo bajó. Me lo quitó, bajó también mis calzoncillos y los lanzó a la arena, donde ya reposaba toda nuestra ropa. Comenzó a besarme la ingle. Yo estaba tremendamente excitado, quería notar sus labios posándose sobre mi falo y así el lo hizo. Lamió mi pene de arriba a abajo, lentamente. Agarré su cabeza y le coloqué mi miembro en su boca. Sujeté su cabeza por unos segundos. Gemí fuertemente y solté su cabeza. Le miré a los ojos, vi en ellos que aquello nos había gustado a ambos, atisbé una sonrisa traviesa en ellos. Continuó lamiendo mi falo durante unos largos y apasionados minutos.

Las olas, por la marea, comenzaron a subir. Él se levantó y me abrazó. Mientras nos masturbábamos, el agua subió hasta azotar nuestra cadera. El se recostó sobre una roca y le abracé por detrás. Mientras besaba su cuello y su espalda, agarré mi pene para introducírselo. Poco a poco lo hice, lentamente movía mi falo dentro de él. Sus gemidos de placer me incitaban a hacerlo cada vez más rápido, sabía que a él le gustaba. Le agarré de la cadera y golpeé sus glúteos contra mi cadera. No podíamos contener los gemidos.

Me recosté sobre él y, reduciendo ligeramente el ritmo, comencé a besarle la nuca y la espalda. Agarré con una mano su falo y comencé a masturbarle mientras le penetraba. Su respiración se aceleró suficiente como para darme cuenta de lo que estaba a punto de suceder. Volví a agarrarle de las caderas y empujé con más fuerza mi pene. Sus gritos me ponían demasiado cachondo y le penetraba cada vez con más ímpetu. Su espalda se tensó, puso una de sus manos sobre la mía y eyaculó con un profundo gemido. Oír su respiración acalorada y alterada hizo que yo tampoco pudiera aguantar más y terminé corriéndome dentro de él. Contuve la respiración por unos instantes, hasta que no pude aguantar más y grité con gran fuerza.

Saqué mi pene y estuvimos abrazados en aquella postura durante unos minutos, hasta que nuestra respiración volvió a ser normal. Luego nos vestimos, aún excitados por lo que acabábamos de hacer y regresamos al hotel.

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