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3 de enero de 2013

Sexo lésbico en los probadores

Hace unos meses me reencontré con una compañera de la universidad en un centro comercial de mi ciudad. Nos saludamos y decidimos tomar algo juntas. Ambas aceptamos, aunque le pedí que pasásemos antes por una tienda de ropa que había en esa misma planta, ya que necesitaba un vestido para una fiesta a la que tenía que asistir en unos días.

Entramos en la tienda de ropa y miramos unos vestidos. Al final, decidí probarme dos y el que mejor me quedase, me lo compraba. Fuimos a los probadores y me esperó tras la cortina. Tras unos minutos, le dije que entrase para abrocharme uno de los vestidos. Pasó, me abrochó el vestido con delicadeza y me miré al espejo. El roce de sus dedos me produjo un suave cosquilleo. Mientras me giraba delante del espejo, para ver cómo me quedaba el vestido, ella me detuvo y me besó. Ella siempre me había gustado y no sabía que fuese lesbiana... Aquel beso me excitó demasiado. Ella colocó sus manos en mi espalda sin dejar de besarme y lentamente me desabrochó el vestido. Deslizó sus manos por mis brazos, sin dejar de besarme en ningún momento, para quitarme la parte superior del vestido. Cuando lo hizo, separó sus labios de los míos y mirándome a los ojos comenzó a acariciarme los pechos con una mano. Pasó la otra por mi cintura y me arrimó a ella. Siguió besándome. Pasé mis manos por su cadera y las puse en su espalda. Lentamente fui bajando las manos hasta posarlas sobre sus nalgas. Ella soltó mi cadera y comenzó a acariciarme los pechos a la vez. Dejó de besarme, se separó ligeramente de mí y comenzó a lamer mis pezones.

Excitada, puse mi mano en su nuca para que no dejase de hacerlo y con la otra mano me quité el resto del vestido. Continuó besando ambos pezones durante unos largos minutos, mientras yo empezaba a estar demasiado cachonda. Se sentó en el banco que había en el probador y puso sus manos en mi cintura y comenzó a besar mi ombligo. Con cada beso bajaba más, hasta que llegó al borde de mi culotte. Deslizó sus dedos por los bordes y lo bajó hasta mis tobillos. Me agaché para recogerlo del suelo y cuando subí la vista ella estaba sin camiseta. Sus enormes y perfectos senos tenían bien marcados los pezones. Volvió a besarme la tripa, bajando cada vez más, hasta que llegó a mi vulva. Sin pensar, puse un pié sobre el banco, sujeté su nuca y la acerqué a mi vagina. Ella comenzó a lamer lentamente. Notaba su lengua moviéndose en mis partes.

Comencé a gemir, aunque intentaba hacerlo lo más silenciosamente posible. Jugueteó con su lengua en mi vagina. Para evitar gemir me puse un dedo en la boca y comencé a chuparlo. Ella miró hacia arriba, lo vio y se excitó y comenzó a deslizar uno de sus dedos por mi vulva. Lo introdujo lentamente en mi vagina y se puso de pié. Me quitó el dedo de la boca y volvió a besarme mientras no dejaba de masturbarme lentamente. Con mis manos le desabroché el pantalón, y sin bajarlo, metí la mano dentro de sus bragas. Comencé a juguetear con su clítoris y noté que estaba muy húmeda. Ambas nos separamos unos centímetros para poder quitarnos toda la ropa, apenas tardamos unos segundos en hacerlo, pues estábamos muy excitadas y no queríamos parar.  Dejamos la ropa en el suelo apartada y la indiqué que se sentara. Me puse de rodillas en suelo y comencé a lamerle su clítoris y a acariciarle los pechos con mis manos. Ella soltó un gemido algo agudo y pensar que podían pillarnos aceleró mi respiración. A ambas nos excitó pensar que en cualquier momento alguien abriría la cortina y vería lo que estábamos haciendo. Seguí lamiendo durante unos minutos y ella volvió a gemir.

Ella me levantó de un brazo y me puso de cara al espejo. Ella, desde atrás, me sujetó de los hombros con una mano que me rodeaba y con la otra mano comenzó a masturbarme. Ahora lo hacía rápido y mis piernas se tambaleaban de placer. La miré a través del espejo, ella me miraba, yo apenas podía de la excitación. Ambas giramos la cabeza y comenzamos a besarnos. Lentamente yo también me giré y nos quedamos de nuevo cara a cara. Ella se tumbó sobre el banco y yo me tumbé sobre ella, hacia el otro lado. Comenzó a chuparme con rapidez y yo a ella. Noté sus manos acariciando mis nalgas. La excitación era máxima y entonces noté que sus manos me agarraron con fuerza y sus músculos se tensaban... Se iba a correr. Puse mis labios en su vagina para tragarme todo el líquido que estaba eyaculando. Aquello me excitó tanto que no pude evitar correrme yo también. No podía contenerme y solté un gran gemido... Ambas nos dimos cuenta de que tras ese gemido todas las personas que se encontrasen en los probadores habían descubierto lo que estábamos haciendo. Dejamos de contenernos y respiramos hondo. Nuestras respiraciones eran muy agitadas y sonoras.

Comenzamos a vestirnos, cogimos los dos vestidos y salimos medio corriendo de los probadores, mientras todos los clientes y empleados nos miraban. Dejamos los vestidos y salimos rápido de la tienda. Por fin, llegamos a la cafetería donde, por supuesto, también fuimos juntas al cuarto de baño.

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