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4 de marzo de 2013

En el asiento trasero

Como casi todos los sábados últimamente, ayer también salí a tomar algo a los bares del centro. No suelo quedarme hasta muy tarde y muy pocas veces he ligado: soy gay, pero los amigos con los que salgo de fiesta no lo son, nunca vamos a locales de ambiente y en mi ciudad el resto de locales son, casi por definición, para personas heterosexuales.

Esta vez decidimos ir a un local que nos habían recomendado, estaba a apenas un par de calles de los pubs que visitábamos normalmente, así que dimos una oportunidad a este nuevo lugar. Nos gustó: buena música, con bastante gente, pero sin llegar a ser agobiante y nos quedamos allí. Me fijé en un chico moreno y delgado y me pareció que él me miró en un par de ocasiones, pero no me interesé por él, seguramente no fuese gay y no quería quedar en ridículo.

Unos minutos más tarde, cuando uno de mis amigos había ligado con una chica y habían decidido apartarse de nosotros, alguien me tocó la espalda y me preguntó si quería una copa. Me sorprendí al oír una voz masculina y me giré. Para mi asombro, era el chico de antes, a tan corta distancia que comencé a ponerme nervioso. Acepté su invitación y me acerqué con el a la barra, cuando nos sirvieron la bebida nos apartamos un poco, a un rincón algo más oscuro. Comenzamos a hablar de cosas sin sentido hasta que se lanzó sobre mí y me besó. Aprovechó mi sorpresa para agarrarme de la cintura y acercarme más a él. La sutil oscuridad de aquel rincón que nos hacía casi invisibles para el resto del local y la entrecortada respiración de ambos entre cada beso me estaba excitando cada vez más. 
 - Vamos a mi casa -me susurró al oído.
Dudé por un segundo si debía, no suelo ser hacer estas cosas, pero no pude negarme a ello. Acepté, avisé con un gesto a mis amigos y me fui con el chico a su coche.

Fuimos a un callejón tras el local, dónde estaba aparcado su coche. Apenas había luz allí. Nos montamos en el vehículo, pero no arrancó. Pasó su mano por mi nuca y me acercó a su boca. Puso su otra mano en mi vientre y poco a poco, iba bajando. Yo puse mi mano en su muslo y la otra en su espalda. Nos besábamos y su mano continuaba bajando hasta que llegó la cremallera de mi pantalón. Desabrochó el botón, bajó la cremallera y metió su mano. Acariciaba mi pene lentamente mientras se endurecía. Lo sacó, para masturbarme más cómodamente y yo me recosté sobre el asiento. Cuando lo hice, él bajó su cabeza y se metió todo mi falo en la boca. Recosté mi cabeza hacia atrás, excitado. Él movía su boca por todo mi pene lentamente. Agarró la base con una mano y comenzó a chupar con más rapidez. Aquello me estaba encantando.

Puse mi mano sobre su cabeza, pero sin hacer fuerza. Levantó su cabeza y continuó masturbándome. Se acercó a mi y me besó de nuevo. Yo me estaba dejando llevar, entre la excitación y el morbo apenas podía tener iniciativa.Volvió a bajar la cabeza, momento que aproveché para sujetarle la cabeza y sujetarla mientras tenía dentro todo mi pene. A los segundos le levanté, él recuperó la respiración y bajó de nuevo. Comencé a gemir, aunque intentaba contenerme, sabía que con la poca luz del callejón nadie nos estaba viendo, pero tampoco quería que nos escuchasen. Le levanté la cabeza, le besé y le sugerí pasar a la parte de atrás del coche, para estar más cómodos. Cruzamos entre los asientos delanteros y nos sentamos en el asiento. Le quité la camiseta y le desabroché los pantalones, él terminó de bajar los míos y me tumbé. Él se tumbó de espaldas a mi. Pasé mi brazo sobre su cadera, para poder masturbarle, mientras le mordía el cuello. El llevó su mano hacia mi pene, lo agarró y lo guió hasta su culo. Quería que le penetrase y no podíamos ni queríamos esperar más. Apreté fuerte, el soltó un profundo gemido. Creí que le había hecho daño, así que me detuve. El me susurró "no pares", así que volví empujar, esta vez más lentamente.

Mientras yo le penetraba, el se agarró el pene y comenzó a masturbarse. Mis brazos le abrazaban y acariciaban su torso desnudo. Gemía sobre su nuca y escuchaba su respiración acelerada. Yo estaba a punto de correrme, quería contenerme, pero no iba a aguantar mucho más. De nuevo le oí susurrar "hazlo más fuerte". Así lo hice. Empujé bruscamente todo mi pene en su ano, el gritó que siguiera y continué. Me excitaba oírle pedírmelo tanto como hacerlo. Sus gemidos eran cada vez más seguidos. No podía más. Le dí un gran empujón y me corrí dentro de él, con un gran gemido. Tuve que respirar profundamente después de aquello, estaba exhausto. Ambos nos incorporamos sobre el asiento. Ninguno de los dos habíamos recuperado completamente la recuperación, pero no podía parar, aún estaba muy excitado. Me arrodillé y comencé a lamerle el glande. 

Poco a poco, fui bajando cada vez más, hasta lamer de arriba a abajo su falo. Entonces lo introduje por completo en mi boca. Chupaba de arriba a abajo, sin parar, su respiración entrecortada  y sus gemidos me impedían parar. Excitadísimo, sacó su pene de mi boca, que se quedó abierta, y se corrió dentro de ella. Su respiración se cortó por unos segundos. Volví a chuparle el pene un par de veces más, quería tragarme todo su semen. Lo hice y el me sonrió. Volvimos a vestirnos, nos intercambiamos los teléfonos y estuvimos durante unos minutos en la parte trasera del coche. Luego me llevó a mi casa y se marchó.

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